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miércoles, 17 de junio de 2015

Del Déficit al Superávit terminando en el Fondo de Titulación de la Deuda Eléctrica



Se nos anuncia como la “buena nueva” los superávit que se conseguirán, tanto en el ejercicio 2014 como el 2015, que ascenderán en los entornos de 100M€ y 1000M€ respectivamente y enunciado así a todos nos debería parecer una buena noticia y objetivamente no es así para la gran mayoría de los agentes y sobre todo para los consumidores y entre ellos los que pagan un porcentaje más alto de su renta por el suministro que no es otro que el pequeño consumidor
Lo más preocupante, a corto plazo, es que invariablemente se tendrá que volver a  cuestionar el sistema en su conjunto con el objetivo de encontrar un equilibrio aceptado mayoritariamente, actualmente inexistente, que sea válido para todos los implicados y que debería aceptarse  dos puntos incuestionables de inicio para el sector:
  • Servicio de interés general

  • Supremacía del consumidor


De ser así, se evidencia que lo desarrollado durante este cuatrienio no cumple, ni de lejos, los dos puntos referidos y, además, ha dejado sin resolver múltiples problemas técnicos y económicos que se arrastran desde el principio del proceso de liberalización, mostrándose con toda su virulencia en diciembre del 2013, cuando ocurrieron los hitos siguientes:
  • Última subasta Cesur
  • Cierre unilateral e ilegal de la Central Nuclear de Garoña
  • Ley del sector eléctrico sin consenso político

El grado de desarrollo conseguido en el proceso de liberalización del sector de las telecomunicaciones comparado con el sector eléctrico, nos debería hacernos reflexionar de lo poco avanzado que se encuentra en éste último sector y las consecuencias que esto tiene para los consumidores y el desarrollo económico y social de éste país.

 En Telecomunicaciones, se ha pasado del par de cobre a la fibra óptica; se han implantado diferentes redes: inteligente, móviles, digitales y todo ello posibilitó un acceso e implantación de la denominada “sociedad digital”. No nos podemos ni plantear si durante el proceso liberalizador la empresa dominante hubiese planteado imponer un precio por tener un ordenador conectado a la red o cosa similar, con el objeto de evitar el desarrollo de no sé qué servicio que lo consideraba cautivo e imprescindible para poder mantener las infraestructuras existentes.

Lo anteriormente indicado pasa en gran medida en el sector eléctrico. El retraso tecnológico y de gestión del sistema eléctrico es objetivo, no se adecuó al desarrollo del país, no asumió el proceso descentralizador llevado a cabo durante ya más de treinta años, no se ha aceptado por parte de las empresas dominantes perder su condición oligopolista ni cambiar su relación con el poder político, acorde con un mercado liberalizado y dirigido al consumidor, es decir, pasar del abonado de la etapa regulada al cliente propia de un mercado.  


No tengo ninguna duda que un nuevo mapa político con cuatro fuerzas, dos de ellas no contaminadas por etapas anteriores, deberá ser un marco más favorable para enderezar y superar los años perdidos, el potencial de recorrido es ilusionarte y, sin ninguna duda, existen unas generaciones jóvenes preparadas para llevarlas a buen puerto y sin ninguna implicación con el histórico de éste sector.

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